Construir una casa, un edificio, una oficina o cualquier otra infraestructura requiere mucho más que comprar materiales y contratar algunos trabajadores.
Antes de colocar la primera piedra existe una etapa fundamental: la planificación de la obra.
En esta etapa se decide qué se va a construir, cuánto puede costar, cuánto tiempo debería tardar y qué recursos serán necesarios. Cuando esta etapa se hace rápidamente, se dejan decisiones importantes para después o no se revisan correctamente los detalles, los problemas pueden aparecer durante la construcción y terminar aumentando considerablemente el presupuesto.
Así que, si quieres que tu obra de construcción avance sin subir muchos sus costos funcionales y operativos, te recomendamos tener en cuenta estos significativos errores de planificación:
- Empezar sin tener claro qué se quiere construir
Uno de los errores más costosos es comenzar una obra cuando todavía se tienen dudas claras sobre el proyecto. Si el propietario cambia constantemente la distribución, los materiales, los acabados o las instalaciones, quienes se encargan de la mano de obra tendrán que repetir tareas que ya se habían realizado.
Construir una pared y después descubrir que allí debía pasar una instalación eléctrica significa gastar nuevamente en materiales, mano de obra y tiempo.
La mejor solución para evitar estos contratiempos es definir el alcance del proyecto antes de comenzar, revisar los planos y establecer claramente qué se construirá y qué características tendrá.
- No revisar los planos antes de iniciar
Los planos son como el mapa de una obra, sin ellos no hay un Norte definido. Igualmente, si ellos contienen errores, información incompleta o contradicciones entre arquitectura, estructura e instalaciones, los problemas aparecerán directamente en el lugar de construcción.
Una buena práctica consiste en revisar todos los planos antes de comenzar y comprobar que las diferentes especialidades sean compatibles.
También es recomendable realizar reuniones entre arquitectos, ingenieros, contratistas y demás responsables para detectar problemas antes de que lleguen a la obra.
Un error descubierto en un plano puede costar poco. El mismo error descubierto cuando ya se construyó la obra puede costar mucho más.
- Hacer un presupuesto lo más optimista posible
Otro error frecuente es calcular el presupuesto pensando únicamente en el escenario ideal. Por lo regular se estima cuánto cuestan los materiales, la mano de obra y los equipos, pero se olvidan factores como desperdicios, transporte, variaciones de precios, reparaciones, retrasos o situaciones inesperadas.
Un presupuesto profesional debe incluir las principales partidas del proyecto y una reserva para imprevistos razonablemente calculada. Esto no significa agregar dinero sin control, sino reconocer que una obra tiene cierto nivel de incertidumbre.
También conviene comparar periódicamente el dinero gastado con el presupuesto inicial, así será posible detectar una desviación de dinero cuando todavía puede resolverse.
- No comprar los materiales necesarios a tiempo
Imaginar que los materiales siempre estarán disponibles cuando se necesiten es un grave error de planificación. Algunos productos pueden tardar días o semanas en llegar, especialmente si requieren fabricación especial o vienen de lugares alejados.
Si un material fundamental no llega a tiempo, una cuadrilla puede quedarse estacionada sin operatividad. Después puede ser necesario comprarlo rápidamente a un precio mayor no planificado, contratar transporte urgente y/o modificar temporalmente la programación.
Para evitar este importante error hay que crear un calendario de compras, en el cual se debe establecer concretamente qué material se necesita, cuánto vale, quién lo suministra y qué día debe estar disponible en la obra.
- Crear un cronograma lejos de toda realidad
Muchos contratistas se dejan seducir por las promesas sin fin, por tanto, para no caer en promesas falsas e inalcanzables un cronograma no debe construirse simplemente colocando fechas que parezcan atractivas. Cada actividad necesita tiempo suficiente y depende de otras tareas para llevarse a cabo.
Por ejemplo, no se puede instalar determinado acabado si antes no se han terminado correctamente las superficies correspondientes, y así muchos proceso nen la construcción tienen que ver el uno del otro. Si una actividad se retrasa, también pueden retrasarse las siguientes.
La solución consiste en organizar las actividades en orden lógico, identificar cuáles son críticas y revisar semanalmente el avance real. Si el proyecto empieza a desviarse, se precisa a actuar rápidamente, lo que suele ser mucho más barato que esperar hasta que el retraso sea grande.
- No pensar en los riesgos asociados a la obra
Toda obra tiene riesgos, de eso no hay dudas; puede aparecer un problema con el terreno, faltar un material, dañarse una máquina, cambiar el precio de un producto o presentarse una situación climática que afecte determinados trabajos.
La planificación debe hacerse siempre la siguiente pregunta: ¿qué podría salir mal y qué haríamos para solucionarlo?
El procedimiento para dar respuesta a este cuestionamiento puede ser sencillo:
- Identificar los posibles problemas.
- Estimar cuáles podrían causar mayores pérdidas.
- Crear medidas para prevenirlos.
- Designar responsables a cargo.
- Preparar alternativas cuando sea necesario.
- Revisar los riesgos durante toda la obra.
Anticiparse a un problema suele ser mucho más económico que intentar solucionarlo cuando ya está afectando la obra de construcción.
- No controlar los cambios durante la construcción
Los cambios parecen pequeños hasta que se acumulan, y hablamos de cambiar una puerta, mover una pared, modificar un baño o elegir otro tipo de revestimiento; ellos puede afectar materiales, mano de obra, planos y tiempos de entrega.
Cualquier modificación importante debería analizarse antes de ejecutarse y así calcular cuánto cuesta, cuánto tiempo adicional requiere y qué otras actividades puede afectar.
Esta regla es especialmente importante: nunca considerar un cambio como “gratis” simplemente porque parezca pequeño.
- No comunicarse correctamente
Una obra involucra a muchas personas, como arquitectos, ingenieros, maestros, contratistas, proveedores, propietarios y supervisores que necesitan trabajar con información actualizada.
Cuando una persona trabaja con un plano desactualizado o un proveedor no conoce las fechas reales de entrega, pueden aparecer errores que cuestan dinero.
Para que esto no suceda se deben establecer reuniones periódicas, registrar las decisiones importantes y utilizar una única versión actualizada de los documentos del proyecto.
Planificar bien es una gran forma de ahorrar dinero en el campo de la construcción.
Los sobrecostos de una obra no siempre aparecen porque los materiales sean demasiado caros, muchas veces comienzan mucho antes, debido a decisiones incompletas, cálculos deficientes, cambios sin control, compras tardías o falta de comunicación.
Por eso, una buena planificación debe comenzar antes de la construcción y continuar durante toda la ejecución.
No olvides que revisar los planos, definir correctamente el alcance, preparar un presupuesto realista, programar las compras, controlar el cronograma y gestionar los cambios son acciones sencillas en apariencia, pero fundamentales para proteger el dinero y el tiempo del proyecto.
En construcción, cada minuto dedicado a planificar puede evitar horas de trabajo perdido, y cada error detectado antes de construir puede evitar un gasto innecesario.
Una obra bien planificada no significa que nunca tendrá problemas; significa que estará mucho mejor preparada para detectarlos, controlarlos y resolverlos antes de que se conviertan en grandes sobrecostos.

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