En el mercado actual podemos encontrar tres tipos de tecnologías de sensores que se utilizan para la operación de puertas automáticas, ya sean que se encuentren en edificaciones comerciales o residenciales.
En primer lugar, encontramos el sistema de sensor infrarrojo activo, el cual es un detector sensitivo que se compone de un transmisor y un mínimo de dos chips receptores con sistemas ópticos de alta calidad. El campo de barrido se ajusta por medio de una unidad mecánica de micro-velocidad cambiando el ángulo entre el transmisor y el receptor. Este procedimiento se denomina triangulación óptica o medición diferencial óptica.
Los detectores infrarrojos activos sólo detectan personas y objetos si se rompen la señal emitida entre los dos puntos, así las puertas automáticas se abren. Precisamente, la zona de detección se configura por puntos de transmisión, y depende en gran medida, de las distancias de centro a centro óptico de las lentes y de la relación transmisor-receptor. Varios puntos se pueden combinar en un sistema modular para formar un área más grande de activación.
Los otros tipos de sensores son los infrarrojos pasivos que funcionan de una manera similar a las cámaras de infrarrojas utilizados para detectar la pérdida de calor de los edificios. El sensor infrarrojo pasivo forma una imagen de calor de la zona definida y que se desea monitorizar. Después de un tiempo de configuración inicial, aproximadamente 20 segundos, la imagen infrarroja medida se guarda. El sensor conmuta si la imagen cambia de calor como resultado del movimiento. Dos condiciones deben cumplirse aquí: Tiene que haber una diferencia de temperatura entre el objeto a detectar y el fondo, y el objeto a detectar debe moverse a una velocidad de al menos 4 pulgadas por segundo.
Por razones de naturaleza física, esta tecnología sólo es funcional para detectar seres vivos, ya que no siempre es posible garantizar que la diferencia de temperatura entre los elementos, tales como los carritos de compra u otros vehículos; y de que el medio ambiente que rodea al sitio donde están las puertas automáticas sea lo suficientemente grande.
Por último encontramos los sensores de microondas, que en síntesis son a base de ondas electromagnéticas como las emitidos por un transmisor de radio pero con una frecuencia mucho más alta (> 1 GHz). Gracias a una antena variable, las microondas emitidas por el transmisor se pueden dirigir sin ninguna dificultad y se reflejan de vuelta al receptor a través del piso, paredes y otras superficies. Igualmente, estos sistemas de sensores no se afectan por el uso, por lo tanto, no se requiere de una reparación de puertas automáticas muy frecuente, teniendo siempre un óptimo funcionamiento.
Con los sensores de microondas si no hay movimiento en la zona de vigilancia, el transmisor y la frecuencia del receptor se mantienen estables. Sin embargo, las personas y los objetos activan el detector de movimiento a medida que avanzan a través de la zona de vigilancia. Las frecuencias emitidas y recibidas ya no son idénticas. Se evalúa la diferencia entre las frecuencias y se transfiere a través de contactos electrónicos en la forma de un impulso de conmutación. La potencia de microondas utilizada es completamente segura para seres humanos y animales.

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